1410.- Suceso ocurrido a Raymond Aguilera el 28 de
Agosto de 1999.
Carta a la Lista de e-mail.
Hola Hermanos y Hermanas,
Los ataques alrededor de mi casa se están
intensificando nuevamente. Cada vez que intento escribir el material nuevo, mi
mano derecha empieza a doler intensamente. Tengo que cambiar el uso del “ratón”
a la mano izquierda. El otro día fui a ver mi caja de correos y la encontré
vacía.
Antes de cerrarla escuché una voz demoníaca diciendo,
“¡voy a detener todos los fondos que van a tu ministerio!”
Entonces escuché al Señor decir, “¡No, no lo va a
hacer!”
Debo decir que me sorprendió, cerré la caja y me fui
a casa, preguntándome que estaba sucediendo. Desde que volví de Israel no ha
habido sino ataques tras ataques. Mi brazo derecho me duele y a veces no puedo
dormir.
El día siguiente volví a la caja postal y la misma
voz dijo, “¿No te dije que iba a detener los fondos que van a tu
ministerio?”
Pues la caja estaba vacía nuevamente. Esta vez el Señor
no dijo nada, pero en mi espíritu y mi mente recordaba lo que el Señor había
dicho el día anterior. Era como si el Señor me estuviera diciendo en Espíritu,
“¿NO CONFÍAS EN MÍ?” Cuando percibí en espíritu, que era mejor no
pedirle clarificaciones al Señor. Pues ya antes me había dado la respuesta que
necesitaba escuchar.
Voy a necesitar más oración a través de estos días
difíciles, pues voy a intentar escribir el nuevo material. Creo que es tiempo
de cargar mi cruz y seguir al Señor, aunque duela. Ahora que lo pienso, he
recibido cartas y mensajes de hermanos que el Señor les ha dicho que me envíen
algo extra. Me parecieron extrañas y les contesté que yo estaba bien. ¡Talvez
no estoy bien y ni siquiera lo sabía!
Luego de recibir unos mensajes de odio hace algunos días,
empecé a sentirme desgastado y cansado. Entonces un buen amigo y hermano en
Cristo empezó a contarme sus dudas y para mi sorpresa el Señor me inspiró y
me reveló todas las profecías que Él me ha dado en los últimos diez años
para días como estos. ¡¡Alabado sea el Señor!! Pues el Señor me las mostró
y no solo me levantó el ánimo, sino que me dio la fortaleza adicional que
necesitaba para correr y no solo caminar tras de Él. ¡Alabado sea el Señor,
una y otra y otra vez!
Suyo en Cristo,
ray
el
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