404.- Suceso ocurrido a Raymond
Aguilera el 7 de Febrero de 1994, ese día y a la mañana siguiente.
Mi
amigo condujo y encontró un lugar para descansar aproximadamente una hora después
de haber dejado el Estado de Utah. Decidimos acampar allí por esa noche ya que
era la una de la mañana. Así que nos quedamos dentro del camión.
Durante
la oración esa mañana temprano, vi seis figuras en un círculo, parecían como
Indios Americanos por su apariencia y eran espirituales. Mientras observaba las
figuras, empezaron a convocar o llamar un ángel de la muerte para que nos
persiguiera.
Cuando
me di cuenta de esto me puse a orar y sus conjuros fueron neutralizados por el
Señor. Lo que ellos estaban llamando parecía como un pájaro, tenía un cuello
largo que parecía el extremo del borrador de un lápiz, con dos ojos y el
cuerpo negros. Podía verlo en dirección a nosotros como de cacería, tal como
un águila lo haría.
El
Señor nos indicó que nos quedáramos tranquilos donde estábamos y no nos moviéramos.
Así que acampamos todo el día en el mismo lugar desolado, en nuestro camión.
No lo decía pero me daba miedo acampar fuera del camión por toda la lucha
espiritual del día anterior en la Universidad Juvenil de Brigham y los ataques
físicos que recibí la noche anterior. No quería que me cogieran en campo
abierto y todavía tenía mucho dolor físico del día anterior. Recuerdo que
mientras me cambiaba de medias, noté un pelo blanco en la planta del pie. Me
sorprendió pues era de cerca de una pulgada y media o dos de largo y no era
posible que no me hubiera dado cuenta antes. Fue en la misma parte en que sentí
el apretón la noche anterior mientras manejaba saliendo de Utah.
Aún
estaba adolorido y me fue difícil mantenerme tranquilo. Recuerdo lo difícil
que fue sentarme en el camión sin hacer nada y esperar al Señor. Sentía que
me iba a enloquecer. Así que intenté mantenerme ocupado. Mi compañero no
parecía tener problema en estarse tranquilo, pero seguro que yo sí. Ya que el
Señor nos había indicado que estuviéramos quietos, así lo hicimos. No
movimos nada de nuestro equipo de campaña, solo nos estuvimos sentados hasta
que el Señor nos indicó que nos podíamos ir. Así que nos quedamos en el camión
y esperamos y esperamos y esperamos hasta que el Señor nos dijo que esperáramos
una noche más. Fue bueno que pasáramos la noche en el camión, pues una fuerte
tormenta golpeó esa área en la noche, con rayos y granizo que golpeaban
nuestro camión como si fueran bolas de golf y los rayos estuvieron muy cerca.
Mi compañero me decía después de la tormenta que solo se alcanzaba contar
hasta uno antes de que otro rayo cayera. Fue una tormenta muy tenebrosa. Me
parecía que estábamos en medió de un ataque aéreo, y estábamos siendo
bombardeados. El viento era increíble, estaba soplando sobre mi camión de
lado. Parecía que alguien lo estaba meciendo de lado a lado para voltearlo. Mi
compañero me comentó que había sido bueno el habernos quedado ahí en el camión
como se nos indicó, pues la tormenta habría dañado nuestro equipo de campaña
y posiblemente nos hubiera hecho daño a nosotros mismos.
La
siguiente mañana el Señor dijo, “Pueden irse, pero manejen despacio, mantengan
los ojos y oídos abiertos.”
Así
lo hicimos, pero unas dos horas después me sentí somnoliento y mi compañero
manejó. No podía mantener mis ojos abiertos. Sentía mi ingle doliendo
nuevamente, mientras oraba. Así que me cambié a ropa más confortable, y
continué orando, pero el sueño continuó, no podía mantener mis ojos
abiertos.
El
Señor me repetía, “Mantén tus ojos abiertos y ora y ora,” Lo
intenté tanto como pude por veinte minutos pero creo que en algún momento me
quedé dormido.
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