403.- Suceso y Visión dados a Raymond Aguilera el 6
de Febrero de 1994 al Mediodía.
Bueno,
el Señor cumplió nuevamente. Reparé el camión el Sábado en la Ciudad de
Salt Lake, Utah y conduje hasta Logan al atardecer. Luego fuimos a la
Universidad Juvenil de Brigham en la Ciudad de Provo.
Dejamos
a nuestros amigos de Logan hacia el
mediodía y a los quince minutos nuestro camión se detuvo en el inicio de un
paso de montaña. Necesitábamos cruzar este paso para salir de Utah, Provo
estaba a cuatro horas todavía. De pronto el camión se quedó neutralizado, el
motor aceleraba pero el camión no tenía potencia. Rodaba, pero al oprimir el
acelerador nada pasaba, el motor sí se aceleraba, pero el camión solo rodaba
como cuando la transmisión está en neutro, aún en una bajada con pendiente
pequeña. Finalmente tuvimos que salirnos de la carretera, pues estábamos
deteniendo el tráfico. Luego de revisar el motor varias veces, seguía perdido
con respecto al problema.
Mi
compañero me dijo, “Es porque estamos yendo a la Universidad Juvenil de
Brigham” Traté de no parecer nervioso y pronuncié una corta oración.
Decidimos quitarle un poco de peso al camión, botando un poco de los cuarenta
galones de agua que llevábamos.
Me
imagino que mi compañero tenía razón. Pues el día anterior no tuve problema
bajando y subiendo las cordilleras en la otra dirección. Estaba sorprendido de
lo mal que estaba funcionando el camión, pues casi no podemos pasar la montaña.
Creo que fue el Señor que nos empujó en la subida, pasando y al otro lado de
las montañas del norte de Utah. Pues el camión se estaba comportando de manera
extraña.
Ya
llegando a la autopista, el camión parecía estar bien. Todavía teníamos que
conducir por casi dos horas hacia el sur para llegar a la Ciudad de Salt Lake y
mi compañero definitivamente no quería detenerse en Salt Lake por toda la
actividad demoníaca que se detectaba allí. Al salir de Salt Lake necesitábamos
poner combustible.
Mi
amigo dijo con la fe del Señor, “Ceo que tenemos que tomar la siguiente
salida por combustible”
Dije
en fe, “Okey, si eso crees.”
Así
que nos salimos de la autopista detrás de una gran fila de carros. Cuando
paramos vimos una persona de la calle pidiendo dinero a los carros detenidos.
Percibí que mi compañero quería darle algo de dinero, pero el semáforo cambió
y tuvimos que seguir. Nos detuvimos una cuadra más adelante por gasolina. Mi
amigo se devolvió mientras yo ponía gasolina y creo que encontró a la persona
de la calle.
Luego
de poner gasolina nos pusimos en camino nuevamente y tres horas después entrábamos
a los límites de la Ciudad de Provo. Otra vez cerca de tres millas antes de
llegar al Campus el camión empezó a detenerse. Parecía que el camión no quería
tener nada que ver con la Universidad Juvenil de Brigham. Tosió como si
estuviera sin combustible hasta que llegó a la bajada y rodó hasta el
estacionamiento del Campus.
Mi
compañero prefirió quedarse en el camión y orar. Empecé una caminata de
oración en lenguas. Tan pronto crucé la calle hacia la entrada principal de la
Universidad, empecé a escuchar apartes del Salmo veintitrés. Sal 23:4-5
(Sal 23:4. Sí, cuando camine por el valle de la
sombra de la muerte, no temeré mal alguno, pues tu estás conmigo, tu vara y tu
cayado me confortan. Sal 23:5. Preparas la mesa ante mí, enfrente de mis
enemigos, ungiste mi cabeza con aceite, me siento dichoso.)
No
sé por qué o quién estaba poniendo este Salmo en mi cabeza, pues podía
escuchar mi oración en lenguas hablando con su propio sonido mientras caminaba
y podía pensar claramente mientras mi cuerpo estaba orando pero por otra parte
estaba escuchando apartes del Salmo veintitrés. Creo que venía del plano
espiritual, era como si mi lenguaje de oración estuviera haciendo lo suyo, y mi
mente estaba pensando y haciendo lo suyo, además, estaba escuchando versos de
la Biblia sin siquiera pensar en ellos.
Ahora
me di cuenta de la importancia de lo que estábamos haciendo y si tenía que
morir aquí, me iría orando en lenguas por la razón o plan que tuviera el Señor.
Sentía que esto podría ser posible. Podía ver la piel de gallina en mi cuerpo
y estaba empezando a sudar mientras oraba y percibía la sensación de la
posibilidad de morir. Sé que el Señor me había dicho que iba a ser protegido,
pero sentía que estaba vendado los ojos en una jaula con leones devoradores de
hombres. Tengo que ser sincero. Estaba un poco asustado, pero sabía que el Señor
estaba conmigo y que si caía Él me levantaría de alguna forma. Está fue una
rara experiencia, pues podía sentir el poder que fluía con la lengua de oración.
No
tenía idea de por dónde debía caminar, así que deje que el Espíritu del Señor
me guiara. Cerca de diez minutos después de haber iniciado la caminata, vi un
hombre salir de un edificio y me miró con extrañeza, talvez por lo que estaba
vestido diferente. Así que decidí preguntarle por la distribución del Campus.
Era
un hombre alto y tenía una conversación muy agradable. Me dijo que el edificio
que acababa de cruzar era el edificio religioso, donde se dictaban las clases de
religión y continuó describiéndome todo el Campus y sus edificios.
Así
que dejé al profesor Universitario y continué en mi caminata de oración. Me
sorprendió que el Señor se encargara primero del edificio de religión y luego
el resto del Campus, como lo había mencionado el Profesor de la
Universidad.
Recuerdo
haber caminado completamente alrededor de un edificio de siete a ocho pisos,
creo que era el edificio de la facultad, mientras miraba al edificio, vi a un
demonio en espíritu, tan grande como el edificio, caerse como un árbol gigante
de Secuoya.
Después
de orar entre las construcciones del Campus, me di cuenta que gente de todo el
Campus caminando hacia una iglesia o templo y le pregunté al Señor si debía
orar también alrededor de ese edificio.
Me
dijo, “No, ya has terminado, ahora quiero que te vayas.”
Cuando
volví al camión, casi dos horas después, encontré que mi amigo de viaje había
orado alrededor o cerca del templo y en las otras partes del Campus, al mismo
tiempo que yo estaba orado.
Sentía
la impresión de que era responsable de sacar a mi amigo de aquel lugar o Estado
rápidamente. Es difícil de explicar, pero parecía una orden directa del Señor.
“Vamos, saca a tu amigo y a ti mismo rápidamente de aquí.” Así que
conduje de afán por las calles, conseguí un sándwich de pollo pues mi
estomago estaba gritando por comida. Conducía y comía. Encontramos la
autopista y nos dirigimos al sur hacia el límite de Nevada tan rápido como podíamos,
y de pronto mi carro empezó a funcionar como todo un campeón.
Mientras
conducía, escuchaba una voz que decía, vuelve, vuelve no te vayas.
Conduje
por horas mientras oraba. Estábamos a media hora de Nevada cuando las cosas
empezaron a ponerse raras. Mientras manejaba algo atrajo mi atención a un lado
de la carretera. Era una sombra espiritual oscura y para mi sorpresa parecía
como si estuviera pidiendo un aventón al lado de la autopista. Después de ver
esto decidí acelerar, pero cinco minutos más tarde vi a mi compañero dormido
con la cabeza recostada contra la ventana y la sombra demoníaca colgada del
camión por la parte de afuera, mirando a través del cristal de la ventana,
mientras mi amigo dormía contra el vidrio. No dije nada pues no quería asustar
a mi amigo.
Entonces
escuché otra voz que repetía, “Conduce fuera del borde del puente, conduce
fuera del borde del puente.” Yo solo seguía orando y manejando tratando de
llegar al límite de Utah, tan rápido como me era posible. Creo que lo que
ocurría, comenzó en espíritu en la Universidad Juvenil de Brigham. Las
fuerzas demoníacas estaban furiosas e iban tras nosotros mientras nos acercábamos
a la frontera del Estado.
Estando
a veinte minutos de la frontera, los ataque contra mí empezaron a ser físicos.
Mi pie izquierdo empezó a arder y a doler como si algo lo estuviera apretando,
como si estuviera en una prensa metálica. Seguía orando en lenguas y
mentalmente intentando ligar y controlar las fuerzas Satánicas.
Entonces
mi mano derecha empezó a recibir dolores intensos. Yo continué orando,
orando, orando y orando, intentando llegar a la frontera de Nevada lo más
pronto posible.
Entonces,
sin esperarlo fui golpeado en la ingle. Ahora estaba realmente adolorido y no
podía detenerme de ninguna manera. En un momento quise detenerme pero sabía
que mi amigo no lo hubiera querido y el Señor me había indicado que me
alejara. Sintiéndome responsable de sacar a mi amigo de ese Estado, decidí
continuar aún con el dolor por lo menos hasta que estuviéramos seguros fuera
del Estado de Utah. Cuando finalmente llegamos al otro lado, yo era una persona
muy dichosa.
Ya
fuera del Estado de Utah, mi amigo tomó el volante y yo intenté descansar un
poco. Este episodio de la Universidad de Brigham, me probó al máximo en este
caminar Cristiano con Cristo. Mirándolo en retrospectiva, veo la razón de todo
el entrenamiento que el Señor me dio en oración y obediencia en estos últimos
años. Pues, ahora lo sé, no lo hubiera podido hacer algunos años.
Todo
lo que puedo decir ahora es, “Gracias Señor, pero todavía creo que escogiste
a la persona equivocada para esto. Amen.”
correo electrónico: Ray@prophecy.org
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